martes, 8 de junio de 2010

¿EL APRENDIZAJE ES ALGO TAN TRIVIAL QUE SE PUEDE OBSERVAR Y MEDIR CON UNAS SIMPLES PREGUNTAS A PROPOSITO DE UNOS CONTENIDOS CUALESQUIERA?

Por ningún motivo el aprendizaje podría ser considerado como trivial ya que todas las preguntas que se pueden formular acerca del tema, considero que van a ser en respuesta a una constante búsqueda de respuestas en beneficio de la educación.

Estas respuestas las podemos encontrar en los contenidos que nos brindan diversas teorías, reformas y modelos de enseñanza-aprendizaje que día a día se van organizando y replanteando hasta encontrar elementos que puedan satisfacer las necesidades educativas y profesionales que los diferentes contextos en los que se encuentran los individuos necesitan para desarrollarse integralmente.

Gabriel Garibay.
Hola muy buenas noches a todos aquí les comparto mi participación acerca de …..

LOS PROCESOS DE APRENDIZAJE.


Teoría del procesamiento de la información:

De acuerdo con las tres fases de esta teoría considero que se abarcan perfectamente los elementos necesarios para el desarrollo de las competencias ya que comenzamos con sensación y percepción dando esto la base para un conocimiento en redes que es posible utilizar en el momento que se requiera.

Aprendizaje por descubrimiento:

El sujeto no recibe los contenidos de forma pasiva; descubre los conceptos y sus relaciones y los reordena para adaptarlos a su esquema cognitivo.

Psicología cognitivista:

El interés es estudiar cómo las personas entienden el mundo en el que viven y también se abordan las cuestiones de cómo los seres humanos toman la información sensorial entrante y la transforman, sintetizan, elaboran, almacenan, recuperan y finalmente hacen uso de ellas.

Socio-constructivismo:

En esta teoría lo importante se encuentra situado en el hecho de poder entender y asimilar el contexto en el que se encuentra el individuo, basándose en la interacción que tienen los individuos como entes sociales con capacidades, habilidades y conocimientos que con la relación constante adquieren unos de otros, dando como resultado que cada uno genere un conocimiento a partir de sus experiencias y necesidades (contexto individual y social.)

martes, 11 de mayo de 2010

Muy buenas noches a todos y cada uno de ustedes!!

Mi Práctica Docente.

Comenzaré por contarles que soy licenciado en Psicología y que a pesar de que para muchos de ustedes podría llegar a parecer una carrera sencilla, está llena de complejidad ya que desde un principio estás trabajando con la esencia de las personas y por consiguiente con sus pensamientos y acciones.

Comencé en la práctica docente aún antes de terminar la licenciatura ya que realice mi servicio social en una institución de la que algunos de los compañeros del curso y yo formamos parte de sus filas, el IPN precisa y curiosamente en el nivel medio superior (digo precisa y curiosamente porque desde ese momento considero que encontré el nivel en el que me gustaría trabajar); Comencé impartiendo la materia de orientación vocacional a los chicos de nuevo ingreso, lo cual para mí fue increíble ya que ambas partes (los alumnos y yo) comenzábamos una nueva experiencia con todo lo que esto implica (miedo, incertidumbre, nervios, etc.) sin embargo el plan de estudios del IPN en la asignatura de orientación vocacional es bastante flexible y agradable para alumnos y maestros ya que se realiza a manera de diplomado en desarrollo humano, donde se trabajan temas que en el nivel medio superior, desde mi punto de vista profesional son sumamente importantes para los chicos y que te permiten como docente crear un vinculo más estrecho entre alumno y profesor, además de manejar las competencias en ellos; en mi caso eso me angustiaba ya que en un grupo tenía un alumno solo 2 años menor que yo !!, sin embargo considero que eso facilitó aun más la confianza y apertura de mis alumnos hacia todos los temas y actividades a desarrollar dentro y fuera del aula.

Aunque reconozco que en un principio el ser docente no era la visión laboral que tenía al concluir la carrera, esa primera experiencia fue determinante para la elección de una actividad que hoy en día me apasiona, ya que me di cuenta de que el hecho de compartir conocimientos y experiencias que ayudan a formar seres humanos (en este caso los alumnos), es una actividad sumamente completa y compleja a la vez, porque tienes que aplicar dentro y fuera del aula todos los conocimientos y estrategias que nos fueron proporcionados durante la formación profesional además de que día a día te enfrentas a situaciones que tienes que aprender a solucionar personal y profesionalmente.

En mi práctica docente la principal satisfacción que me ha brindado el ser profesor es el poder descubrir que en ocasiones lo único que necesitan los chicos es que alguien los escuche sin prejuicios ni etiquetas, para así poder encontrar respuestas además de una orientación académica y personal en su vida diaria.

Los motivos de insatisfacción que reconozco y a los que me enfrento en la docencia es, que por ser un plantel de nueva creación del CoBaEM donde actualmente laboro aun no contamos con instalaciones y nos encontramos en aulas provisionales lo cual dificulta la realización de actividades marcadas por el programa además de las actividades y estrategias dinámicas que en ocasiones me gustaría aplicar con mis alumnos teniendo que adaptarme a las condiciones de mi plantel.


Entre la Docencia y mi Profesión.

Considero que la principal confrontación por llamarla de alguna manera se encuentra en que la psicología es una práctica sumamente flexible ya que el Psicólogo se tiene que adaptar a los objetivos y necesidades de la persona que acude con él para alcanzar un objetivo planteado; contrario a la educación en donde es muy difícil adaptarse a las características y necesidades de todos los alumnos ya que tenemos que seguir una normatividad y calendario que alumnos y docentes debemos cumplir.

Como percibo mi docencia

Hola y muy buenas noches a todos.

En respuesta a la actividad de comentar y analizar nuestra práctica docente; retomando los puntos revisados en la lectura “La aventura de ser maestro” verdaderamente me hizo realizar un viaje a mis años de estudiante los cuales no tienen mucho de haber pasado aunque ustedes no lo crean, todos esos momentos en que descubrimos cuando un maestro que se inicia en la docencia que tiene nervios hasta de presentarse ante esos seres extraños y peligrosos para el(ella)llamados alumnos, cuando se quiebran la cabeza pensando en si tal o cual es la mejor manera de explicar un tema sin saber si funcionara o no, en fin un sin número de situaciones que cuando somos alumnos no pensamos en todo el trabajo y esfuerzo que realiza el profesor de “X” asignatura.

Los que ahora con el paso del tiempo, la vida nos ha dado la oportunidad de estar en ese lugar tan juzgado por nosotros mismos años atrás nos damos cuenta de lo importante y trascendental que es contribuir en la formación académica y humana de jóvenes que en un futuro serán en cierta forma una parte de nosotros que dejamos en ellos.

Por eso considero que esta es una parte que de pronto a los docentes se nos olvida ya que anteponemos nuestro lado profesional al humano llevándonos esto a un proceso de despersonalización consiguiendo únicamente hacer monótona nuestra manera de impartir las clases volviéndonos rigidez e inflexibles dejando completamente de lado a ese ser humano que también necesita revivir día a día esa emoción de llegar al salón de clases y transmitir parte de nosotros pero también aprender de esos maravillosos seres humanos que están frente a nosotros llenos de sueños por cumplir.

Es por eso que en mi práctica docente trato de hacer atractiva la clase y las actividades en medida de mis posibilidades y en función de las carencias de mi plantel para que los alumnos logren un aprendizaje significativo pero a la vez dinámico y hasta en ocasiones divertido.
Un fuerte abrazo a todos y no se olviden que algún día también fuimos alumnos.

Saludos!!!!!!!!!!!!

Gabriel Garibay.

Mi aventura de ser docente


La aventura de ser maestro

José M. Esteve
Universidad de Málaga
_____________________________________________________________________________
Ponencia presentada en las XXXI Jornadas de Centros Educativos
Universidad de Navarra. 4 de febrero de 2003
Tras veinticinco años de recorrido profesional, el autor afirma que se aprende a ser profesor por ensayo y por error . En el camino deben sortearse distintas dificultades, como elaborar tu propia identidad profesional, dominar las técnicas básicas para ser un buen interlocutor , resolver el problema de la disciplina y adaptar los contenidos al nivel de conocimiento del alumnado.
__________________________________________________________________________
La enseñanza es una profesión ambivalente. En ella te puedes aburrir soberanamente, y vivir cada clase con una profunda ansiedad; pero también puedes estar a gusto, rozar cada día el cielo con las manos, y vivir con pasión el descubrimiento que, en cada clase, hacen tus alumnos.
Como casi todo el mundo, yo me inicié en la enseñanza con altas dosis de ansiedad; quizás porque, como he escrito en otra parte, nadie nos enseña a ser profesores y tenemos que aprenderlo nosotros mismos por ensayo y error. Aún me acuerdo de mi primer día de clase: toda mi seguridad superficial se fue abajo al oír una voz femenina a mi espalda: “¡Qué cara de crío. A éste nos lo comemos!”. Aún me acuerdo de mi miedo a que se me acabara la materia que había preparado para cada clase, a que un alumno me hiciera preguntas comprometidas, a perder un folio de mis apuntes y no poder seguir la clase... Aún me acuerdo de la tensión diaria para aparentar un serio academicismo, para aparentar que todo estaba bajo control, para aparentar una sabiduría que estaba lejos de poseer...
Luego, con el paso del tiempo, corrigiendo errores y apuntalando lo positivo, pude abandonar las apariencias y me gané la libertad de ser profesor: la libertad de estar en clase con seguridad en mí mismo, con un buen conocimiento de lo que se puede y lo que no se puede hacer en una clase; la libertad de decir lo que pienso, de ensayar nuevas técnicas para explicar un tema, de cambiar formas y modificar contenidos. Y con la libertad llegó la alegría: la alegría de sentirme útil a los demás, la alegría de una alta valoración de mi trabajo, la alegría por haber escapado a la rutina convirtiendo cada clase en una aventura y en un reto intelectual.
Pensar y sentir
El camino y la meta me los marcó Unamuno en una necrológica de Giner de los Ríos, leída por azar en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza: “Era tan hombre y tan maestro, y tan poco profesor -el que profesa algo-, que su pensamiento estaba en continua y constante marcha, mejor aun, conocimiento... y es que no escribía lo ya pensado, sino que pensaba escribiendo como pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”.
”Era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”... Miguel de Unamuno y su preocupación por enlazar pensamiento y sentimiento... Nunca encontré una mejor definición del magisterio: dedicar la propia vida a pensar y sentir, y a hacer pensar y sentir; ambas cosas juntas. Muchos colegas coinciden en este punto. Mª Carmen Díez, desde la escuela primaria, expresa así su visión actual de la enseñanza: “ahora entiendo la escuela como un sitio adonde vamos a aprender, donde compartimos el tiempo, el espacio y el afecto con los demás; donde siempre habrá alguien para sorprenderte, para emocionarte, para decirte al oído algún secreto magnífico”. Fernando Corbalán, un profesor de secundaria, tras hablarnos de que en clase tenemos que divertirnos, buscar el ansia de saber y propiciar una atmósfera de investigación, concluye: “Y no se piense que sólo se abre la mente a los alumnos. También la del profesor se expande y se llena de nuevos matices y perspectivas más amplias, y funciona la relación enriquecedora en los dos sentidos . Mi experiencia, al menos, me dice que algunos de los juegos y problemas con los que he disfrutado, y que sigo utilizando, han tenido su origen en la dinámica de la clase... Y cuando se crea esa atmósfera mágica en clase, con los fluidos intelectuales en movimiento, pocas actividades hay más placenteras”.
Hace tiempo, descubrí que el objetivo es ser maestro de humanidad. Lo único que de verdad importa es ayudarles a comprenderse a sí mismos y a entender el mundo que les rodea. Para ello, no hay otro camino que rescatar, en cada una de nuestras lecciones, el valor humano del conocimiento . Todas las ciencias tienen en su origen a un hombre o una mujer preocupados por desentrañar la estructura de la realidad. Alguien, alguna vez, elaboró los conocimientos del tema que explicas, como respuesta a una preocupación vital. Alguien, sumido en la duda, inquieto por una nueva pregunta, elaboró los conocimientos del tema que mañana te toca explicar. Y ahora, para hacer que tus alumnos aprendan la respuesta, no tienes otro camino más que rescatar la pregunta original. No tiene sentido dar respuestas a quienes no se han planteado la pregunta; por eso, la tarea básica del docente es recuperar las preguntas, las inquietudes, el proceso de búsqueda de los hombres y mujeres que elaboraron los conocimientos que ahora figuran en nuestros libros. La primera tarea es crear inquietud, descubrir el valor de lo que vamos a aprender, recrear el estado de curiosidad en el que se elaboraron las respuestas. Para ello hay que abandonar las profesiones de fe en las respuestas ordenadas de los libros, hay que volver las miradas de nuestros alumnos hacia el mundo que nos rodea y rescatar las preguntas iniciales obligándoles a pensar.
Cada día, antes de explicar un tema, necesito preguntarme qué sentido tiene el que yo me ponga ante un grupo de alumnos para hablar de esos contenidos, qué les voy a aportar, qué espero conseguir. Y luego, cómo enganchar lo que ellos saben, lo que han vivido, lo que les puede preocupar, con los nuevos contenidos que voy a introducir. Por último me lanzo un reto: me tengo que divertir explicándolo, y esto es imposible si cada año repito la explicación del tema como una salmodia, con la misma gracia en el mismo sitio y los mismos ejemplos; llevo treinta años oyéndome explicar los temas, en algunas ocasiones, repitiéndolos dos o tres veces en distintos grupos ; he calculado que me jubilo el año 2.021 y estoy seguro de que moriré de aburrimiento si me oigo año tras año repitiendo lo mismo, con mis papeles cada vez más amarillos y los rebordes carcomidos. La renovación pedagógica, para mí, es una forma de egoísmo: con independencia del deseo de mejorar el aprendizaje de mis alumnos, la necesito como una forma de encontrarme vivo en la enseñanza, como un desafío personal para investigar nuevas formas de comunicación, nuevos caminos para hacer pensar a mis alumnos... “pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir...” Desde esta perspectiva, la enseñanza recupera cada día el sentido de una aventura que te rescata del tedio y del aburrimiento, y entonces encuentras la libertad de expresar en clase algo que te es muy querido. Inmediatamente recibes la respuesta: cien alumnos pican el anzuelo de tu palabra y ya puedes dejar correr el sedal, modulas el ritmo de tu explicación a la frecuencia que ellos emiten con sus gestos y sus preguntas, y la hora se pasa en un suspiro -también para ellos-. Y entonces descubres la alegría: ese momento de magia te recompensa las horas de estudio y te hace sentirte útil en la enseñanza.
No hay mejor regalo de los dioses que encontrar un maestro. A veces tenemos la fortuna de encontrar a alguien cuya palabra nos abre horizontes antes insospechados, nos enfrenta con nosotros mismos rompiendo las barreras de nuestras limitaciones; su discurso rescata pensamientos presentidos que no nos atrevíamos a formular, e inquietudes latentes que estallan con una nueva luz. Y, curiosamente, no nos sentimos humillados por seguir el curso de un pensamiento ajeno; por el contrario, su discurso nos libera y nos ensancha creando en nosotros un juicio paralelo con el que reestructuramos nuestra forma de ver la realidad; y luego, extinguida la palabra, aún encontramos los ecos que rebotan en nuestro interior obligándonos a ir más allá, a pensar por nuestra cuenta, a extraer nuevas conclusiones que no estaban en el discurso original... Este es el objetivo: ser maestros de humanidad... a través de las materias que enseñamos, o quizás, a pesar de las materias que enseñamos; recuperar y transmitir el sentido de la sabiduría; rescatar para nuestros alumnos, de entre la maraña de la ciencia y la cultura, el sentido de lo fundamental permitiéndoles entenderse a sí mismos y explicar el mundo que les rodea.
Las dificultades
He hablado de mis precarios inicios en la enseñanza, y de mi visión actual tras treinta años de recorrido profesional; pero, para ayudar a otros a recorrer el mismo camino, tengo ahora que hablar del proceso intermedio, e, inevitablemente, de las dificultades a sortear.
Identidad profesional
El primer problema consiste en elaborar tu propia identidad profesional. Esto implica cambiar tu mentalidad, desde la posición del alumno que siempre has sido, hasta descubrir en qué consiste ser profesor . Y aquí aparecen los primeros problemas, porque hay enseñantes que no aceptan el trabajo de ser profesor. Las dificultades suelen ser distintas entre los profesores de primaria respecto a los de secundaria.
Entre los de primaria el peor problema es la idealización: la formación inicial que han recibido suele repetir con insistencia lo que el buen profesor “debe hacer”, lo que “debe pensar” y lo que “debe evitar”; pero nadie les ha explicado, en términos prácticos, cómo actuar, cómo enfocar los problemas de forma positiva y cómo eludir las dificultades más comunes. Han aprendido contenidos de enseñanza, pero no saben cómo organizar una clase, ni cómo ganarse el derecho a hacerse oír. Así, se les ha repetido hasta la saciedad la importancia de la motivación para el aprendizaje significativo: “el buen profesor debe motivar a sus alumnos”; pero nadie se ha preocupado de que aprendieran de forma práctica diez técnicas específicas de motivación. Pese a que una de las principales tareas a desarrollar en su trabajo será la enseñanza de la lectura y la escritura , muy pocas diplomaturas de maestro incluyen un curso de lectoescritura, mientras que es frecuente que se dediquen cursos enteros al aprendizaje de la fonética.
Por estos caminos, al llegar al trabajo práctico en la enseñanza, el profesor novato se encuentra con que tiene claro el modelo de profesor ideal, pero no sabe cómo hacerlo realidad. Tiene claro lo que debería hacer en clase, pero no sabe cómo hacerlo. “El choque con la realidad” dura dos o tres años; en ellos el profesor novato tiene que solucionar los problemas prácticos que implica entrar en una clase, cerrar la puerta y quedarse a solas con un grupo de alumnos.
En este aprendizaje por ensayo y error, uno de los peores caminos es el de querer responder al retrato robot del “profesor ideal”; quienes lo intentan descubren la ansiedad de comparar, cada día, las limitaciones de una persona de carne y hueso con el fantasma etéreo de un estereotipo ideal. Desde esta perspectiva, si las cosas salen mal es por que yo no valgo, por que yo no soy capaz de dominar la clase; y, de esta forma, los profesores novatos se ponen a sí mismos en cuestión, y, a veces, cortan los canales de comunicación con los compañeros que podrían ayudarles: ¿cómo reconocer ante otros que yo tengo problemas en la enseñanza, si el “buen profesor” no “debe” tener problemas en clase? Como señala el artículo de Fernández Cruz, la identidad profesional se alcanza tras consolidar un repertorio pedagógico y tras un periodo de especialización, en el que el profesor novato tiene que volver a estudiar temas y estrategias de clase, ahora desde el punto de vista del profesor práctico y no del estudiante de magisterio.
Entre los profesores de secundaria, el problema de la identidad profesional es mucho más grave. Como señala Fernando Corbalán: “la inmensa mayoría de los profesores de secundaria nunca tuvimos una vocación clara de enseñantes... Estudiamos una carrera para otra cosa (matemático profesional, químico, físico,...)”. En efecto, nuestros profesores de secundaria se forman en unas Facultades universitarias de Ciencias y Letras que, ni por asomo, pretenden formar profesores. En ellas predomina el modelo del investigador especialista. Como resultado de este modelo, el profesor que llega al Instituto para explicar Geografía e Historia, y, con un poco de mala suerte un curso suelto de Ética, se identifica a sí mismo como “medievalista”, ya que, durante los últimos cinco años de su vida, la Universidad le ha insistido en la necesidad de estudiar Paleografía, Epigrafía y Numismática, Latín y Árabe para acceder a los documentos medievales, y se le ha iniciado en el trabajo de Archivo, centrándole en una época histórica muy determinada y permitiéndole olvidar el resto de la historia. Al parecer, nadie se ha puesto a pensar en el problema de identidad que sobreviene a nuestro medievalista cuando se enfrenta a una clase bulliciosa de treinta adolescentes en una zona rural o en un bario conflictivo. El sentimiento de error y de autoconmiseración se apodera de nuestro nuevo profesor. El es un investigador, un medievalista, ha pasado dos veranos en el archivo de Simancas preparando su Tesina entre documentos originales que él es capaz de descifrar... ¿por qué le obligan ahora a enseñar Historia General, que no es lo suyo, y, de paso Geografía y Ética? Y, además, descubre horrorizado que los alumnos no tienen el menor interés por la Historia, y que temas claves de su especialidad -como el apasionante tema de su tesina- se despachan con dos párrafos en el libro de texto.
Para colmo, nuestro futuro profesor de secundaria se da cuenta de que no sabe cómo organizar una clase, cómo lograr un mínimo orden que permita el trabajo y cómo ganarse la atención de los alumnos. Aquí, el problema de perfilar una identidad profesional estable pasa por un auténtico proceso de reconversión, en el que el elemento central consiste en comprender que la esencia del trabajo del profesor es estar al servicio del aprendizaje de los alumnos. ¡Qué duro resulta comprender esto a la mayor parte de nuestros profesores de secundaria y de Universidad! Ellos son investigadores, especialistas, químicos inorgánicos o físicos nucleares, medievalistas o arqueólogos, ¿por qué van ellos a rebajar sus niveles de conocimientos a la mentalidad de treinta adolescentes bárbaros? ¡Hay que mantener el nivel! -gritan exaltados-, y ello significa, en la práctica, que dan clase para dos o tres privilegiados, mientras el resto de los alumnos van quedando descolgados. Y además, hasta el fin de sus días, vivirán la enseñanza rumiando la afrenta de que la sociedad les obligue a abandonar el Olimpo de su investigación para mantener contacto un grupo de adolescentes.
Por contra, algunos profesores consiguen estar a gusto en su trabajo, y descubren que esto pasa, necesariamente, por una actitud de servicio hacia los alumnos, por el reconocimiento de la ignorancia como el estado inicial previsible, por aceptar que la primera tarea es encender el deseo de saber, por aceptar que el trabajo consiste en reconvertir lo que sabes para hacerlo accesible a un grupo de adolescentes... Un viejo maestro me decía que, enseñar al que no sabe está catalogado, oficialmente, entre las obras de misericordia; y, en efecto, hace falta un cierto sentido de la humildad para aceptar que tu trabajo consiste en estar a su servicio, en responder a sus preguntas sin humillarlos, en esperar algunas horas en tu despacho por si alguno quiere una explicación extra, en buscar materiales que les hagan asequible lo esencial, y en recuperar lagunas de años anteriores para permitirles acceder a los nuevos conocimientos. Lo único verdaderamente importante son los alumnos... Esa enorme empresa que es la enseñanza no tiene como fin nuestro lucimiento personal, nosotros estamos allí para transmitir la ciencia y la cultura a las nuevas generaciones, para transmitir los valores y las certezas que la humanidad ha ido recopilando con el paso del tiempo, y advertir a las nuevas generaciones del alcance de nuestros grandes fracasos colectivos. Esa es la tarea con la que hemos de llegar a identificarnos.
Comunicación e interacción
El segundo problema a solucionar para ganarse la libertad de estar a gusto en clase hace referencia a nuestro papel de interlocutor. Un profesor es un comunicador, es un intermediario entre la ciencia y los alumnos, que necesita dominar las técnicas básicas de la comunicación. Además, en la mayor parte de los casos, las situaciones de enseñanza se desarrollan en un ámbito grupal, exigiendo de los profesores un dominio de las técnicas de comunicación grupal. Por tanto, ese proceso de aprendizaje inicial, que ahora se hace por ensayo y error, implica entender que una clase funciona como un sistema de comunicación e interacción.
Una buena parte de las ansiedades y los problemas de los profesores debutantes se centran en este ámbito formal de lo que se puede y lo que no se puede decir o hacer en una clase. El profesor novato descubre enseguida que, además de los contenidos de enseñanza, necesita encontrar unas formas adecuadas de expresión, en las que los silencios son tan importantes como las palabras, en las que el uso de una expresión castiza puede ser simpático o hundirnos en el más espantoso de los ridículos. El problema no consiste sólo en presentar correctamente nuestros contenidos, sino también en saber escuchar, en saber preguntar y en distinguir claramente el momento en que debemos abandonar la escena. Para ello hay que dominar los códigos y los canales de comunicación, verbales, gestuales y audiovisuales; hay que saber distinguir los distintos climas que crean en el grupo de clase los distintos tonos de voz que el profesor puede usar: un tono grave y pausado induce al grupo a la reflexión, mientras que si queremos animar un debate debemos subir algo el tono de voz... etc .
Los profesores experimentados saben qué lugar físico deben ocupar en una clase, dependiendo de lo que ocurra en ella; saben interpretar las señales gestuales que emiten los alumnos para regular nuestro ritmo de clase, y el dominio de éstas y otras habilidades de comunicación requiere entrenamiento, reflexión y una constante actitud de autocrítica para depurar nuestro propio estilo docente. Al final, conseguimos ser dueños de nuestra forma de estar en clase, conseguimos comunicar lo que exactamente queremos decir, y logramos mantener una corriente de empatía con nuestros alumnos.
Disciplina
Otro obstáculo serio a superar, quizás el que genera en los novatos la mayor ansiedad, es el problema de la disciplina. En realidad, es un problema muy unido a nuestros sentimientos de seguridad y a nuestra propia identidad como profesores . En este tema he visto de todo: desde colegas que entran el primer día en clase pisando fuerte, con aires de matón de barrio, porque alguien les ha dado el viejo consejo de que no pueden sonreír hasta Navidad, hasta colegas desprotegidos e indefensos incapaces de soportar el más mínimo conflicto personal. Entre esos dos extremos que van desde la indefensión hasta las respuestas agresivas, el profesor tiene que encontrar una forma de organizar a la clase para que trabaje con un orden productivo. Y, en cuanto comienza a hacerlo, descubre que esto tampoco se lo han enseñado. Se supone que el “buen profesor” debe saber organizar la clase, pero en pocas ocasiones se le ha contado al futuro profesor dónde está la clave para que el grupo funcione sin conflictos.
El viejo supuesto, según el cual, “para enseñar una asignatura lo único realmente importante es dominar su contenido” encuentra en este campo su negación más radical. Entonces, el profesor descubre que debe atender otras tareas distintas a las de enseñar: tiene que definir funciones, delimitar responsabilidades, discutir y negociar los sistemas de trabajo y de evaluación hasta conseguir que el grupo trabaje como tal. Y esto requiere una atención especial, a la que también hay que dedicar un cierto tiempo. El razonamiento y el diálogo son las mejores armas, junto con el convencimiento de que los alumnos no son enemigos de quienes tienes que defenderte. Mi experiencia me dice que los alumnos son seres esencialmente razonables; es posible que, si te dejas, intenten llevarte al huerto y bajar algo tus niveles de exigencia, pero si la razón te asiste y en ella fundas tu propia seguridad, los alumnos saben descubrir muy bien cuáles son los límites.
Contenidos y niveles
Por último, nos queda el problema de adaptar los contenidos de enseñanza al nivel de conocimientos de los alumnos. El profesor novato tiene que entender que ha dejado la Universidad, tiene que desprenderse de los estilos académicos del investigador especialista, y adecuar su enfoque de los conocimientos para hacerlos asequibles a su grupo de clase. Yo también protesto por el bajo nivel con el que me llegan mis alumnos, pero protestar no sirve de nada, tienes los alumnos que tienes, y con ellos no hay más que una alternativa: o los enganchas en el deseo de saber, o los vas dejando tirados conforme avanzas en tus explicaciones. Hay quien, en salvaguarda del nivel de enseñanza, adopta la segunda opción; pero a mí siempre me ha parecido el reconocimiento implícito de un fracaso; quizás porque, como dije antes, hace tiempo que descubrí que en cualquier asignatura, lo único importante es ser maestro de humanidad.
El orgullo de ser profesor
Y ahora, ya, el tiempo corre en mi contra. No espero nada nuevo del futuro: he hecho lo que quería hacer, y estoy donde quería estar . Es posible que mucha gente piense que ser profesor no es algo socialmente relevante, pues nuestra sociedad sólo valora el poder y el dinero; pero a mí me queda el desafío del saber y la pasión por comunicarlo. Me siento heredero de treinta siglos de cultura, y responsable de que mis alumnos asimilen nuestros mejores logros y extraigan consecuencias de nuestros peores fracasos. Y, junto a mí, veo a un nutrido grupo de colegas, en las zonas rurales más apartadas y en los barrios más conflictivos, orgullosos de ser profesores, trabajando día a día por mantener en nuestra sociedad los valores de la cultura y el progreso... entre ellos hay valiosos maestros de humanidad: hombres y mujeres empeñados en enseñar a sus alumnos a enfrentarse consigo mismos desde el preescolar hasta la Universidad.
_____________________________________________________________________________
MIGUEL DE UNAMUNO (1864-1936)
Escritor, filósofo, humanista. Rector de la Universidad de Salamanca. Autor de una extensa obra literaria en la que destacan sus ensayos, en los que analiza la realidad social con una visión crítica y con una fuerte implicación personal. Se le considera uno de los mejores representantes de la Generación del 98. Su enfrentamiento a la dictadura de Primo de Rivera le llevó al destierro.
FRANCISCO GINER DE LOS RIOS (1839-1915)
Catedrático de derecho de la Universidad de Madrid. En 1876 renuncia a su puesto en defensa de la libertad de cátedra y funda la Institución Libre de Enseñanza, la institución educativa más innovadora en la España de finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Su Residencia de Estudiantes es el centro clave de reunión y de formación de los mejores intelectuales y artistas españoles del siglo XX.





Desde mi punto de vista considero que (Thorndike) fue muy acertado en esta teoría donde postulaba que el “tanteo” obtiene buenos resultados pero situándonos en la educación considero que esto nos ha dado resultados satisfactorios pero nos ha vuelto autómatas al dar clases.

Este punto es muy que este es el primer enfrentamiento con nuestra realidad inmediata al comenzar en la docencia ¿Cómo voy a dar mis clases? En lo personal fue una duda muy grande.

En este punto considero que en algún momento todos nos hemos encontrado ya que de pronto el docente llega a despersonalizarse para enfocarse solamente en el aspecto profesional y viceversa sin realmente lograr vincular ambas partes para un mejor desarrollo personal y profesional.

Personalmente yo soy partidario y practicante de este tipo de docencia en donde mi principal objetivo es hacer atractivo, entretenido, divertido y significativo el tema revisado en clase.

Desde mi desempeño docente yo aplico en gran medida este aspecto ya que por la materia que imparto (orientación) esta oportunidad se presenta casi todo el tiempo.
Justo a esto es a lo que haga referencia en mi comentario número 1 ya que el dar clases se ha vuelve una rutina después de muchos años perdiendo toda dinámica en la clase.

Es sumamente complicado poder desprenderse de los estigmas que cuando eres alumno te formas acerca de los profesores y de lo que significa transmitir conocimientos y experiencias personales y profesionales a seres humanos que ahora piensan y sienten como tu hace unos cuantos años...

Que importante y difícil al mismo tiempo en educación básica dar las bases y el interés por la lectura para que en los grados siguientes se conserve ese interés por la lectura lo cual trae consigo una buena escritura lo cual en mi institución se nos presenta como un serio problema.

Mi profesión nos da elementos a lo largo de nuestra formación para no perder de vista que estamos tratando con seres humanos los cuales sienten, piensan y actúan de formas que en ocasiones no entendemos y eso considero que me ha hecho ser mas paciente, abierto y flexible a la hora de impartir clases ya identificando las necesidades del grupo o en su caso en las de un alumno en especifico.

Es aquí donde se encuentra nuestra prueba de fuego como docentes, el saber controlar a un alumno o a un grupo para obtener la respuesta que deseamos esto analizando las características del alumno o del grupo y buscar estrategias que logran impactar en los chicos a manera de crear reglas y disciplina sin llegar al autoritarismo.

Que satisfacción como docentes poder llegar a este punto donde al final nuestra labor logre su fin TRESCENDER en cada uno de los seres denominados alumnos y poder dejar un pedacito de nosotros(personal y profesionalmente) en cada uno de ellos dejando para siempre en ellos parte de nuestra esencia.

Los saberes de mis estudiantes

Buenas noches a todos!!

Los Saberes de mis Estudiantes.

Considero que en la actualidad el uso de la tecnología como medio de información se ha vuelto parte fundamental de de la vida diaria de los estudiantes y de los mismos docentes ya que es indispensable el poder adquirir información útil en la vida cotidiana y académica.

Antes de hablar acerca de los puntos de esta actividad considero conveniente explicar que por ser mi plantel de nueva creación tenemos un sinfín de limitaciones, entre ellas el carecer de equipos de cómputo y por consiguiente de internet, dando sus respuestas y esta actividad meramente con la utilización que cada uno hace del internet por cuenta propia.
Lo que mis alumnos saben hacer con el internet son cuestiones meramente de entretenimiento como es: la descarga de imágenes, música, temas para sus celulares, juegos, la comunicación a través de redes sociales siendo las más populares hi5 y facebook, además de páginas de búsqueda de información para resolver sus tareas.

Considero que el hecho de que los jóvenes cuenten con una habilidad casi nata en la utilización del internet podría ser utilizada en gran medida en beneficio de nuestra labor docente al encontrarle una aplicación adecuada a la educación, manejando actividades que puedan desarrollar y resolver a través del uso de internet. Por ejemplo realizar encuestas a través de las redes sociales sobre un tema determinado para conocer la opinión y elaborar conclusiones a partir de esta actividad.

Es muy importante poner de manifiesto la superioridad que existe de los alumnos sobre los docentes en lo que al uso de las TIC’S se refiere ya que en ocasiones los docentes no sabemos cómo utilizar elementos del internet como son el chat, el Messenger o simplemente un buscador de información, cosa que para los jóvenes es una cuestión por demás sencilla, un ejemplo que considero que aplica en esta situación es la utilización de redes sociales, ya que en ellas se tienen que aplicar diferentes técnicas de ingreso de música, videos, imágenes, en fin cosas que en ocasiones a los mismos docentes se le complicarían.

Por esto es importante que los docentes tratemos de familiarizarnos con las nuevas tecnologías y aplicarlas en nuestra labor docente y en nuestra vida cotidiana, para que seamos nosotros quienes podamos servir como guía a los alumnos y también ellos a nosotros ya que la tecnología forma parte indispensable en nuestro contexto cultural, económico, educativo y productivo. Además de existir una motivación alumno-maestro-alumno para utilizar las nuevas tecnologías en aspectos más productivos y no solo como medio de entretenimiento.

Saludos.

Gabriel Garibay.